Mi Historia

Mi Historia

Hola soy Víctor, tengo 29 años  y me considero una persona deportista y luchadora, debido a circunstancias de la vida me he visto obligado a madurar de forma prematura por criarme sin padres, pero conté con la ayuda  de mi abuela de la que tuve todo su apoyo, y esto sumado  a un accidente sufrido a los 17 años han provocado que sea la persona que soy hoy.

Antes de mi accidente el deporte siempre había estado presente en mi vida, lo realizaba periódicamente con un fin saludable, sin excederme mucho o sacrificarme. Fue en el 2005 cuando mi vida cambió, ya que sufrí un accidente jugando en una piscina, me golpeé en el fondo con la cabeza, y en ese instante me quedé inmóvil. Esos minutos o más bien segundos, cuando estaba sumergido bajo el agua sin poder moverme, para mí fueron una eternidad, y sentía unas ganas muy grandes de volver a respirar y vivir, además en ese momento sentía una profunda angustia por la falta total de respuesta de mis músculos. En ese momento , un compañero me sacó del agua y avisó al servicio de emergencias, pero fue una espera larga ya que tuvo que acudir una ambulancia medicalizada que no estaba precisamente cerca.

En ese intervalo sí que me derrumbé, comencé a llorar y pensar en todas las cosas que no había hecho por pereza, en todos esos momentos que dejé pasar por decirme a mí mismo; “ya tendrás tiempo en otro momento”. También pensaba en esas “tontería” que todos hacemos de vez en cuando, y en ese momento me di cuenta que todos “ y si´s”, nos hacen perder nuestro tiempo y el de los demás.

Durante toda la espera, donde no notaba nada más que mis lágrimas corriendo por mis mejillas, me prometí que si salía de esa y volvía a caminar, nunca me rendiría,  emprendería retos nuevos, y  no me estancaría, que siempre lucharía por lo que quisiese hasta el final, y nunca, por muy adversas que se pusieran las situaciones, nunca me rendiría o dejaría  de llegar a donde me hubiese propuesto.

En ese momento prometí  que si volvía a andar realizaría el camino de santiago todos los años mientras mi físico y mis medios me lo permitiesen.

Después de todo el proceso de esa noche, llegó el momento en que me vi solo en la habitación, dejé de llorar y fui consciente de la situación, me aferré al poco valor que me quedaba, y fue en ese momento donde  empezó un proceso largo de recuperación que llegó a durar dos años de trabajo, y donde nadie imaginaba que se fuese a desarrollar como fue ocurriendo, con todos sus pasos buenos y sus pasos malos. A día de hoy convivo con secuelas, que me hacen no olvidar el suceso de aquella noche, además me motivan a exprimir la vida, y me recuerdan la importancia de valorar lo que es un problema que tenemos que afrontar con seriedad, o lo que es una circunstancia pasajera. También me ayudan para saber que no debo acomodarme en mis propias circunstancias.

En todo el proceso, lo primero que sucedió es que me operaron de urgencia al tercer día de entrar. La lesión afectó a toda la zona medular y cervical, y el diagnóstico era de una tetraplejia. En ese momento pusieron a mi familia en aviso, como fue normal a mi familia le contaron  mi situación real, realidad cruel y plena que a mi no me dijeron, pero que estando consciente era totalmente realista, la posibilidad de quedarme afectadas parte de mis extremidades y quedarme en una cama para toda mi vida sin moverme, era una realidad.

Después de la operación, y de un tiempo en observación fue el momento de partida, el diagnóstico final era de una tetraplejia incompleta, un diagnóstico que abría un abanico de posibilidades de, quizás no poder moverme nunca, a quizás poder valerme algún día por mí mismo, punto el cual hemos cruzado ya hace mucho tiempo, pero el cual en su día todos pensábamos que era imposible.

A partir de ese momento comencé a luchar y poco a poco gracias a todo el trabajo realizado con  mis médicos fui recuperando partes del cuerpo. Transcurrieron  varias fases, donde aprendí a manejarme con la  silla de ruedas, mas tarde con el andador, y más tarde me defendía con las muletas. Aprender a comer, vestirme, ducharme, e incluso a ir al baño, en resumidas cuentas, volver a aprender a hacer todas las facetas de la vida cotidiana, intentar ser autónomo.

En eses momentos te das cuenta que lo más simple como cruzar una alfombra en el suelo, puede ser un obstáculo muy grande para algunas personas, y aunque hoy en día realizo pruebas extremas como cruzar desiertos, o pruebas como los iroman, para mí, en su día mi prueba límite particular fue cruzar la alfombra de mi casa.

Pasado un tiempo mis médicos me dieron el alta hospitalaria. Seguía haciendo rehabilitación pero dormía en casa, en ese momento ya volvía a andar, no muy bien, pero podía andar, era autónomo. Durante todo este periodo yo no podía hacer ejercicio en buenas condiciones, de tal manera que  mi peso una vez acabado el proceso , fue de 115 kilos, y con una estatura de 1.74cm, no tenía una buena condición física, ni tan siquiera era saludable tampoco.

Todo pego un giro radical en el momento en que  mis médicos, literalmente me dijeron “que podía hacer todo el deporte que quisiera”. Desde ese mismo momento empecé a afrontar retos personales, con el fin de mejorar las secuelas que me quedaran. Más tarde esa razón fue cambiando para transformarse en una búsqueda de motivación y lucha diaria, una filosofía de vida, filosofía que aplico diariamente en mi día a día.

He de decir  que este accidente fue el peor momento de mi vida y el que más me marcó, pero reconozco que ha sido un regalo, con el que  más he aprendido  a superarme y evolucionar, tomándome  el deporte como filosofía de vida y la búsqueda de nuevos retos.

“La peor desgracia de mi vida fue el  mejor regalo de mi vida, lo cierto es que lo que me paso no se lo deseo a nadie, y no creo que nadie lo quisiese pasar pese al resultado que hoy en día se puede observar en mi, es más, no se si pese a todo a mi me gustaría vivirlo de nuevo, porque cada día era el resultado real de quedarse así para siempre, pero lo cierto es que ese hecho y las consecuencias que vinieron después, hicieron que sea la persona que soy hoy en día”.

Después de esto busque razones para motivarme y superarme a través del deporte, como el bádminton, tenis, natación, correr y andar en bici.  Al poco tiempo de empezar a realizar deporte y con una buena alimentación estaba en 90 kilos, gracias especialmente al tenis y bádminton, que me ayudaron a conseguir velocidad, agilidad y resistencia.

Después de un tiempo me di cuenta que recuperara muy bien casi todo mi cuerpo, pero aún me quedaba una parte que no se encontraba bien y que tenía descuidada, era mi lado izquierdo. Al ser diestro mi lado más potenciado era precisamente con el que jugaba, pero el izquierdo al no usarlo estaba peor, se había quedado más mermado.

Debido a este hecho, llegó un día y con la ayuda de un amigo, decidí probar a remar, y lo cierto, es que la dureza de este deporte me gusto tanto, que me quedé a entrenarme para conseguir recuperarme mejor  y competir con el equipo, compañeros que más tarde se convirtieron en mi familia.

Ese primer año, y después de muchos entrenamientos entrenando solo para estar a la altura de mis compañeros, ese primer año me puse en 69 kilos, peso en el que aún sigo a día de hoy. Durante los siguiente tres años, ya entrené junto a mis compañeros durante once meses al año, entrenado juntos de lunes a domingo, para competir en la máxima categoría del remo en Galicia.

En este deporte aprendí una disciplina férrea de entrenamiento y constancia, pero, todo esto no me era suficiente, mi lado izquierdo no acababa de trabajar bien, y fue cuando decidí entrenar paralelamente en el tiro con arco olímpico, deporte en el cual pude recuperar mucha movilidad en mi brazo y mano izquierda,  y así fue como dos de eses tres años compaginé ambas disciplinas, trabajando duro cada día.

Durante todo ese tiempo pasaba muchas horas trabajando en mi profesión, e invertía el tiempo que me quedaba en mi pasión, el deporte, la mejor medicina que conozco.

En mis pocos ratos libres aprovechaba a salir a correr o andar en bicicleta, incluso en el mes de descanso de mis principales deportes, cumplía mi promesa de realizar el camino de Santiago, promesa que sigo cumpliendo, todo ello por no volver a verme parado.

En el 2012 mi ciclo en el remo y el tiro con arco llegó a su fin, colgué el remo y el arco, y buscando nuevas motivaciones a las que aferrarme, luchar y seguir evolucionando en mis secuelas, me tope con pruebas como la titan desert o el ironman como prueba reina del triatlón, y sin pensarlo mucho ,comencé a trabajar y trabajar en este nuevo camino. No tenía los recursos, ni los conocimientos, ni la preparación para afrontar cualquiera de estas pruebas, pero con mucho respeto, trabajo y constancia, fue como comencé.

Lo cierto es que este nuevo camino que se abría ante mí no fue fácil, pero con la disciplina que aprendí en el mundo del remo, la paciencia y la calma del tiro con arco, sumada a toda la vivencia del accidente, hicieron que poco a poco y con mi máxima de sumar día a día, trabajase, me esforzase, y me levantase una y otra vez cada vez que caí para prepararme y conseguir superarme en estas nuevas pruebas, y así fue como con mucho trabajo, esfuerzo y sobretodo constancia pude completar estas pruebas en varias ocasiones, y obtuve muchos éxitos entre varios “fracasos”

Peleo por lo que quiero, y me dejo el alma y la piel para conseguirlo, me motivo cuanto más adversas o dificultosas son las situaciones, y me enfrento al miedo para que me sirva de aliado con el fin de conseguir mis objetivos y superarme.

La búsqueda de nuevas motivaciones y el afán de querer superarme a mí mismo, superando las secuelas que con el tiempo han ido evolucionando, me han llevado a vivir unas magníficas experiencias dentro y fuera del deporte, en varias partes del mundo. Disfrutar de cada instante, como el momento en el que recogí el premio al hombre del año men´s health en la categoría de superación, o cruzar desiertos como el del Sahara o el de Atacama, fueron hechos que hace años ni imaginaba, y que fueron posibles por trabajar cada día en los pequeños detalles, momentos que nunca ocurrirían solo en mi zona de confort, hechos que ocurrieron en esa zona mágica que todos tenemos, pero que para llegar tenemos que superar esa zona de tránsito, esa temida zona que llaman la zona de pánico, esa zona que os confirmo que vale la pena vivir, porque la recompensa puede ser enorme.

En el 2015, y como aniversario por los diez años de mi accidente, publiqué mi primer libro, “El segundo que cambió mi vida” Encuentra el tuyo. En el recojo toda la historia de como me enfrente al accidente, y cómo fue posible que saliese victorioso. En el también relato todas las diferentes preparaciones que llevé a cabo para realizar las pruebas en las que estuve, y cómo entrené y entreno en los deportes que practique y practico. En este libro cuento los diferentes caminos de santiago que hice como en un diario de ruta, y cuento que material hay que llevar y qué rutas hacer.

Finalmente en el libro también hablo de mi ventana al mundo mediante las redes sociales, y cómo estas herramientas son un medio de comunicación muy poderoso.

Actualmente estoy en un punto de mi vida que intento decirle y explicarle a la gente, tanto en las charlas y conferencia que imparto, como en las consultas que me hacen, que es dueña de su destino, que pueden decidir, que pueden tomar el control cuando ellas quieran, que no tienen que vivir un hecho traumático o próximo a la muerte para darse cuenta que ellos son sus propios líderes, que ellos son los que deciden, que ellos tienen el control, y que si quieren y creen en ello, pueden sin duda de una manera u otra, tarde o temprano, conseguir aquello que se han propuesto, paso a paso, escalón a escalón, ladrillo a ladrillo, buscando ese muro perfecto, maravilloso y firme, porque se puede, porque podemos, porque puedes.