Primera Etapa de mi Séptimo camino. (Objetivo Cumplido)

Un año mas, una vez mas, otra oportunidad, otra vuelta de tuerca, sea como sea otro camino de Santiago mas, otro año mas cumpliendo una promesa, mi promesa.

Cada año por estas fechas, los nervios, los sentimientos y las ganas la noche de antes son las mismas, y como cada año, una vez mas me levantaba sin haber dormido, y sin pararme mucho ponía de nuevo rumbo a la la estación de tren, para una vez mas partir desde León a Santiago.

Ya el viaje en el bus, los comentarios, las planificaciones, y los cálculos, no nos dejaban dormir, los nervios eran evidentes, el objetivo estaba claro, realizar la etapa León, Ponferrada, ciento catorce kilómetros con dos puertos de primera categoría, y una hora límite para llegar, si no, tocaría dormir en la calle.
Mas tarde de lo planeado y tras montar las bicicletas nos ponemos en marcha, el tiempo era muy justo y el sol apretaba, la idea estaba clara, tirar, tirar y tirar, beber y comer sobre la bicicleta.

En la estepa leonesa era fácil de rodar, y nuestra media era alta, pero debido al viento de cara y lo que nos esperaba mas tarde para subir, debíamos ir con mucha cabeza, ya que pese a tener que recuperar tiempo, corríamos el riesgo de no aguantar cuando llegase el momento de subir.
Al cabo de un rato tuvimos que hacer la primera parada, el primer pinchazo. Siempre he dicho que el la avería que menos me gusta reparar, pero en este camino, sin duda aprendí mas que nunca, y sobre todo velocidad. Tras solucionar el problema proseguimos hasta Astorga, donde sellamos las credenciales, credenciales que hay que cubrir a cada poco para que al final te otorguen la compostelana.
Ya en Astorga decidimos proseguir, no habíamos recuperado mucho, ya que aun encima yo en ningún momento me había encontrado cómodo, pero mi compañero, mi amigo, el pilar que me ayudo, hizo que pese a ir yo mal, tirásemos rápido. Sabíamos lo que venía, tocaban veinte kilómetros de subida, con el viento de frente y en una carretera que recordábamos de otros caminos como muy tortuosa.

A los pocos kilómetros de emprender la marcha, nuestros temores se hacían realidad, volvíamos a pinchar, y ya no teníamos mas repuestos……medios tocados, y sin mucho ánimo proseguimos hasta llegar al puerto, puerto que escalamos como profesionales, en ese punto me vine arriba, me tocaba tirar del carro, y me puse delante, y ni siquiera los diez kilos que arrastrábamos cada uno, impidió que subiéramos rápido.
Antes de lo esperado y recuperando tiempo llegamos arriba, estaba anocheciendo, en el mismo punto que el año anterior cruzamos amaneciendo, la sensación y los sentimientos contemplando el paisaje son indescriptibles, la magia que sentíamos se mezclaban con las ganas de llegar y acabar.
Sin mas dilación nos abrigamos, ya que en León habíamos partido con treinta grados, pero en esta montaña, y apunto de empezar la bajada el termómetro marcaba diez.

Comenzamos a bajar, mas de veinte kilómetros de carretera, de curvas imposibles, de cambios de rasantes y de pendientes impracticables sin unos buenos frenos. La noche caía sobre nosotros, y ya no quedaban muchas opciones, el pedaleo y los relevos bajando eran continuos y la velocidad escandalosa. Durante la bajada hubo dos puntos donde personalmente tuve dos sentimientos totalmente enfrentados, en un punto de la bajada, al ver que mi cuentakilómetros marcar noventa y ocho kilómetros por hora, la adrenalina me invadía, la misma adrenalina que me hizo reaccionar y esquivar una caída segura ante el cruce de un gato blanco en plena bajada,

Antes de lo que nos dimos cuenta estábamos en el pueblo anterior a Ponferrada, había fiestas, y todo nos incitaba para quedarnos, la hora era muy justa, y sin pensarlo mucho, como nos gusta a nosotros, nos tiramos a la aventura, partimos a la ciudad, de noche y sin saber si tendríamos donde dormir.

Tiramos como nunca, en mitad de la oscuridad, con nuestras pequeñas luces, sin apenas notar los mas de cien kilómetros que llevábamos encima, apretamos, empujamos y llegamos al albergue, llegamos cinco minutos antes del cierre, eran las diez y veinticinco de la noche, las ganas eran muchas y las fuerzas no fallaron, suspiramos tranquilos y aliviados sabíamos que dormíamos bajo techo.

Ya con calma y tranquilidad preparamos todo, el objetivo estaba cumplido, habíamos hecho ciento catorce kilómetros en cinco horas cuarenta, habíamos superado nuestros propios bajones, parado varias veces por los pinchazos y superado las montañas y los puertos, tocaba descansar y dormir, la siguiente etapa pintaba mucho mas dura. Fue en ese momento, en ese instante de felicidad y satisfacción, cuando nos dijeron que el albergue estaba lleno, que teníamos que dormir en unas colchonetas, a la intemperie dentro de nuestros sacos, bajo un techo de estrellas, si es cierto, pero en una noche fría y de viento.

Se avecinaba una noche larga y dura, la siguiente etapa nos esperaba, y todo apuntaba a que no podríamos descansar mucho, cenar ni recargar las baterías de las luces y los móviles…………….