Segunda etapa de mi séptimo camino (Realizando lo épico)

Si, efectivamente nos despertamos, o mas bien salimos del saco, sin haber dormido mucho, eran las cinco y media de la mañana y los caminantes ya se levantaban, era difícil conciliar el sueño, entre tanto ruido, viento y frío, por eso medio tiritando nos decidimos poner en marcha.

No nos quedaba comida y no sentíamos muchas fuerzas, el objetivo no estaba claro, pero la idea la teníamos bien definida, queríamos recorrer los máximos kilómetros antes de que oscureciese, o que no pudiésemos mas.
Cansados pero muy motivados nos predisponemos a marchar, hasta que de golpe, de pronto vemos que tenemos otro pinchazo, otro pinchazo mas antes de salir………..era algo que no podíamos prever, ni controlar, por ello con humor y resignación, volvíamos hacer algo que ya sabíamos con los ojos cerrados.

Tras preparar todo y desayunar nos pusimos en marcha, el primer gran objetivo era el Cebreiro, un puerto de primera categoría, que era el plato fuerte antes de dos puertos mas.
Con fuerza, con ganas, y peleando mucho subimos metro a metro a la misma velocidad que subía la temperatura, finalmente coronamos el Cebreiro en una hora, una hora de subida para completar los nueve kilómetros que separan la base de la cima. En el camino anterior, en este punto la fuerte lluvia, la densa niebla, y el incansable viento nos asoló, este año el fuerte sol y la calor no impidieron, pese a los treinta y cinco grados, que culminásemos la cima muy motivados y muy bien.

En ese punto nos paramos a comer, quedaba mucho por delante y era la única parada que podríamos hacer. Tras devorar una comida que en principio parecía mas de lo que era, nos encaminamos a una sucesión de puertos, de subidas y bajadas de escándalo, donde el sol y el viento nos acompañaron hasta la bajada a triacastela, sin duda nuestra parte favorita de todo el camino, mas de veinte kilómetros de bajada, y este año sí, este año pudimos disfrutar, pudimos aprovechar, y durante diez minutos, sentimos y nos emocionamos lo que en la hora y media de bajada el año anterior no pudiéramos mas que sufrir, en mitad de la noche, entre un vendaban de viento y lluvia.

Esta vez no hubo parada en este pueblo, no hubo respiro, continuamos, seguimos fuerte, el objetivo era Sarria, donde el año anterior nos habíamos quedado.
Favoreciéndonos el bueno tiempo, llegamos antes de lo esperado, estábamos mejorando tiempo y ya ni paramos, el objetivo seguía sin estar claro, pero la idea se mantenía, no había ya muchas posibilidades, o nos quedábamos en Portomarín, o seguíamos a Palas de Rei.

Fue en este punto, en este enlace entre Sarria y Portomarín donde el camino se nos hizo bastante tortuoso, sabíamos donde estaban ciertas referencias, pero no nos daban llegado, eso hizo que llegásemos muy justos de fuerzas y ganas a Portomarín.

Ahora tocaba decidir, estábamos en una ciudad, podíamos estar cómodos, quedarnos y descansar, o podíamos arriesgarnos, seguir, combatir el cansancio, las ganas, y las cuestas que nos venían, y correr el riesgo de no llegar, de no descansar como lo necesitábamos, pero lo fácil no nos va, teníamos tiempo, y sabíamos, yo sabía que podíamos, que era posible que llegásemos.

Las fuerzas flaqueaban, pero las ganas seguían, y uno por el otro tiramos, empujamos, luchamos y pedaleamos, hasta llegar, hasta completar veinticuatro kilómetros de subida y viento de infarto, tirando como nunca, como si acabásemos se salir, como si estuviéramos escapando del diablo.

Una vez mas volvíamos a llegar con el tiempo justo antes del cierre, pero esta vez si, esta vez teníamos ducha, cama y techo, esta vez si podíamos descansar, y tras completar ciento cincuenta kilómetros, con cuatro puertos, mas de cinco mil metros de desnivel y nueve horas y media, esta vez si sabíamos que podíamos dormir bien, que el trabajo estaba hecho, y que habíamos realizado la etapa mas épica en estos tres caminos juntos, que nos habíamos sobrepuesto a todo, que habíamos tirado y peleado juntos, que lo habíamos conseguido.