Tercera etapa de mi séptimo camino (Un paseo)

Tras una noche perfecta, tras poder descansar y notarnos bien, doloridos, pero bien, pusimos rumbo a Santiago, ya no nos quedaban nada mas que setenta kilómetros, un paseo rompepiernas, no fácil del todo, pero muy asequible, pero no podíamos confiarnos.


Nuestra primera parada era sin lugar a duda Melide, por eso arrancamos sin desayunar, había que disfrutar y saborear el pulpo milenario y tradicional de esta ciudad. 
Una vez que pudimos disfrutar de este mangar proseguimos, teníamos todo el día para llegar, por eso nuestra idea cambio, ya no hacía falta tirar, ya no era necesario empujar, por muy mal que se pusiesen las cosas, el camino ya estaba completado.

Así fue como fuimos pasando los diferentes pueblos, puertos y valles, de café en café, de terraza en terraza, hasta llegar a la entrada de Santiago, y contemplar como se aproximaba la catedral, metro a metro mientras bajábamos el monte, mientras pensábamos lo que habíamos hecho, mientras nuestras piernas gritaban de dolor y satisfacción por saber lo que habíamos completado.  

Así fue, así acabamos, mientras esperábamos la cola para recoger la compostelana, el único minuto de descanso al terminar, único momento a pensar y recapacitar lo conseguido antes de regresar a casa y preparar todo para volver al trabajo.
Trescientos kilómetros, mas de ocho mil metros de desnivel acumulado, seis horas de sueño, dos días sin parar, mas de diez kilos de arrastre entre alforjas y portabultos, tres pinchazos, varios problemas físicos y otros de cabeza, varios cambios de temperatura de diez a cuarenta y dos grados, rodando de dìa y de noche, pero al final fue posible, al final, la unión, el compañerismo, la confianza, el respeto, el entrenamiento y la superación hicieron que nos sobrepusiéramos a todo y acabásemos, de esta manera, cumpliendo un reto mas a nuestros años. 

Siete, ya van siete caminos, siete caminos que puedo realizar mi promesa, que puedo disfrutar de mi mejor regalo, de ese golpe del destino que me ha abierto los ojos, que me ha dado este punto de locura y que me hace pelear. 
Por que desde entonces, en el momento que decido realizar algo, se que tarde o temprano, de una manera u otra, lo conseguiré. 
Colocando otro ladrillo en el mejor y mas grande muro que intento construir cada día!